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Tigre. #VecinosQueInspiran: Verónica Lorena Balor, la emprendedora que encontró su mayor vocación enseñando a otras mujeres


Desde hace más de una década forma parte del programa municipal «Mujeres Emprendedoras» de Tigre y hoy también brinda talleres a través de «Emprendedoras Rodantes». Con su historia demuestra que animarse a dar un paso puede cambiar una vida; y también la de quienes vienen detrás.

Hay personas que transmiten entusiasmo apenas empiezan a hablar y Verónica Balor es una de ellas. Nació y creció en Rincón de Milberg, tiene 48 años y desde muy joven descubrió que crear con sus manos era mucho más que un hobby: era una forma de salir adelante.

Después de terminar la escuela comenzó a hacer artesanías, pintura, macramé, mimbre y todo tipo de técnicas que iba aprendiendo en distintos cursos. Al principio regalaba sus trabajos a familiares y amigos, hasta que entendió que aquello que hacía con tanta dedicación también tenía valor. «Siempre fui de darme maña para hacer un poco de todo», cuenta entre risas.

Hace once años decidió dar un paso que le cambió la vida: sumarse al programa Mujeres Emprendedoras del Municipio de Tigre. Aunque al principio le daba vergüenza vender sus productos y ponerles un precio, encontró mucho más que un espacio de comercialización. «Es un grupo de mujeres que se acompaña todo el tiempo. Compartimos experiencias, nos damos una mano y aprendemos unas de otras».

Con el tiempo fue creciendo como emprendedora. Aprendió a valorar su trabajo, a defender el precio de cada pieza hecha a mano y a entender que detrás de cada producto hay horas de dedicación, creatividad y esfuerzo. «El tiempo es lo más valioso que tenemos. Lo artesanal lleva trabajo y también merece ser valorado», expresó.

Pero cuando pensaba que ya había encontrado su lugar, apareció un desafío inesperado: la convocaron para dar clases en el programa Emprendedoras Rodantes. Su primera reacción fue decir que no estaba preparada; nunca se había imaginado enseñando. «Plata y miedo nunca tuve. Pensé: voy, pruebo y vemos qué pasa», afirmó.

Lo que encontró del otro lado la sorprendió incluso a ella misma. Hoy enseña macramé y telar en distintos barrios del distrito y asegura que descubrir esa faceta fue uno de los regalos más grandes que le dio la vida: «No pensé que me iba a gustar tanto dar clases. Encontré algo que no sabía que tenía».

En cada encuentro busca que las participantes aprendan una técnica, pero también que descubran su propio potencial. Recuerda especialmente a una alumna que, después de terminar una pulsera, la miró emocionada y le dijo que era la primera vez que hacía algo con sus propias manos.

Otra historia que lleva siempre presente es la de una mujer que, después de atravesar situaciones muy difíciles, comenzó a asistir a sus talleres, obtuvo el carnet de emprendedora y hoy tiene su propio puesto en la feria. Para Verónica, esos logros son la mayor recompensa.

«Que una mujer descubra que puede generar sus propios ingresos y que vuelva a confiar en ella misma es algo hermoso», destacó Veronica. Por eso, cada vez que alguien le dice que no se anima a empezar, su respuesta es siempre la misma: hay que intentarlo.

Porque, como ella misma descubrió, nunca es tarde para aprender algo nuevo, encontrar una vocación inesperada o animarse a transformar un sueño en un proyecto de vida.



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